Con la Sensación de estar Remando a Contracorriente

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Hay días en los que siento que, por mucho que me esfuerce, las cosas no terminan de salir como deseo. Días en los que la vida parece no dar tregua… cuando creo que todo empieza a calmarse, de repente llega una ola enorme y me arrastra hacía la profundidad de un océano que parece imposible navegar.

Llevo un año haciéndome la misma pregunta en silencio:
¿Estoy en el camino correcto?


He tenido que empezar de nuevo más veces de las que puedo contar. Nuevas funciones. Nuevos retos. Nuevas condiciones. Y cuando, por fin, parece que hay posibilidades de mejorar, la vida cambia las reglas de juego. Otra vez.

A esto se suman cambios personales tan profundos que me han obligado a alejarme. Alejarme de personas, de rutinas… y, en algunos momentos, incluso de versiones de mí misma que ya no reconozco.

Y aunque aprender, evolucionar y soltar es en esencia positivo, hay momentos en los que siento que no me queda energía para adaptarme a lo nuevo.
Momentos en los que todo pesa.
En los que me pregunto si siempre será así: remar contra la corriente.

“Sin embargo, sé que confiando de nuevo en mí, el mar más agitado o el océano más profundo se calma y se vuelve aliado... solo tengo que dejar de resistirme.”

De la tormenta al aprendizaje: el valor de rendirse sin rendirse

Sé que este cansancio habla de algo más que de cansancio físico.
Es el alma pidiendo una tregua.
Es mi cuerpo susurrándome que necesito volver a mí.
Que debo darme tiempo, calma y paciencia.

No todo es “hacer” y “correr”.
No todo es sostenerlo todo acualquier precio.
A veces lo más valiente es reconocer que no puedo, que no quiero… y eso está bien.

Sí… en muchos momentos he sentido ganas de tirar la toalla y salir corriendo.
Pero en el fondo sé que no es posible.

¿A dónde iría?
Los problemas viajan contigo cuando los llevas dentro.

Así que me quedo.
Respiro.
Miro atrás y veo todo lo que he superado.
No niego mis derrotas, ni mis miedos, ni mis momentos tristes y solitarios.
Sería una falta de respeto hacia mí misma hacerlo.
Porque son precisamente ellos los que me han forjado, los que me han hecho la mujer que hoy escribe estas líneas.

Hoy elijo reconocerme.
Elegir mis batallas.
No darme más prisa de la que mi alma puede sostener.
Y no tolerar lo que ya no encaja conmigo.

Estoy en ese punto en el que veo venir a las personas, y me entristece ver cómo algunos disfrazan sus mentiras de verdades absolutas… para salir victoriosos de sus batallas.

❤️Hoy solo quiero decirme —y decirte—:
No pasa nada por parar.
No pasa nada por sentirte cansada.
No tienes que poder con todo.

Porque incluso en medio de la tormenta, sigues remando.
Y eso ya es un acto de valentía.

“Quizás lo que realmente necesito no es seguir, sino quedarme quieta… y por fin escuchar mi propia voz.”

Reflexión: 

Siento que las tormentas no llegan para destruirme…
Sino para mostrarme partes de mí que aún no conocía.
Me invitan a soltar lo que ya no me sostiene, a confiar en lo desconocido.

Quizás sin estas olas gigantes que me arrastran hasta el fondo, nunca descubriría la fuerza que realmente tengo.
No es fácil. A veces solo quiero paz, calma, quietud.
Pero también sé que sin movimiento no hay cambio.

Sé que no es fácil. Lo he sentido en la piel y en el alma: el cansancio, el desánimo, las ganas de rendirme.
Pero incluso así, sigo aquí.
Y eso ya es un acto de valentía.

Hoy me digo —y te digo—:
✨ Confía.
✨ Respira.
✨ No te resistas.

Lo que ahora parece caos, mañana será el principio de algo grande.
Porque las tormentas no vienen a detenernos…
Vienen a transformarnos.

Y yo elijo creer que al otro lado de esta tempestad está la versión de mí que siempre soñé ser.

Y a ti, ¿alguna vez  has vivido una tormenta que te enseño a conocerte más y te cambió para siempre?

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